Aceptando nuestras diferencias

              

“Donde no hay griego ni judío. Circuncisión ni incircuncisión.  Bárbaro ni escita, siervo ni libre, mas Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3: 11).

Érase un enorme bosque en el que vivían muchos animalitos.  Un día decidieron ponerse de acuerdo para estudiar juntos y de esa manera aprender a hacer lo mismo que hacía cada uno para que no hubiera diferencia entre ellos.  Los pájaros comenzaron a levantar el vuelo, ¡qué bien volaban! Pero cuando el perro y el conejo se subieron en un árbol para intentar volar, cayeron al piso y se rompieron las patas y los hocicos; no pudieron volar.  La araña comenzó a tejer su casita para casar insectos, los animalitos de los que se alimenta, pero cuando la rana y la tortuga quisieron tejer la casita, no pudieron y se entristecieron.  Los monos, que observaban, comenzaron a hacer monerías tirándose de un lado al otro.  La jirafa se quejaba:

-¡Todos somos diferentes! -gritaba llorando.

Llegaron a la conclusión de que si se unían serían una gran familia, aceptándose como era cada cual.  Ya no habría más enseñanzas; el perro cuidaría en las noches, el gallo recibiría el amanecer cantando con un fuerte quiquiriquí, las abejitas seguirían fabricando su dulce miel, las gallinas pondrían sus huevos; y así, unidos todos, aceptando sus diferencias, serían una linda familia.

Pinta si no eres pintor, toca la guitarra si no sabes música,  te vas a sentir frustrado, pero acéptate tal como eres.  Acepta a tus amiguitos como son y verás qué bien se siente cada cual con sus diferencias.

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Dios cumple sus promesas

         

“Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de convenio entre mí y la tierra” (Genesis9:13).

Érase una casita vieja de madera con techo de tablitas.  Sus mesas y sillas eran fabricadas por el dueño de la casa, un hombre pequeño, robusto y alegre, que era muy querido por su familia.  Esa casita estaba rodeada de árboles. En las temporadas, había mucho mango, aguacate, limón; esos árboles daban frutos muy sabrosos.  Esa buena familia muchas veces se alimentaba de esos frutos que era todo lo que tenía de alimento.  Allí, en ese agradable lugar, donde siempre que salía el sol, o en noches de luna llena se dejaba ver el arco iris, la familia se alegraba, porque ellos habían leído en la Biblia que Dios había prometido que cuando vieran el arco iris iban a saber que la tierra no iba a ser destruida por agua, como en el tiempo de Noé.  Antes de Dios destruir a todos los pecadores por un gran diluvio, debido a la desobediencia a Él, Dios le mando a Noé que preparara un Arca, como una casa grande para que se salvaran él, toda su familia y algunos animales.  Después de aquella destrucción, Dios les dijo que eso no volvería a suceder, y como señal les dio ese dibujo en el cielo, un lindo  arco iris con bellos colores.

Pide que te cuenten esa linda e interesante historia de Noé y la promesa de Dios de no destruir el mundo por un aguacero constante, y pinta un arco iris sin lluvia.

 

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¿Qué es ser obediente?

                        

“Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos” (Proverbios 3: 1).

En un hermoso palacio vivía una bella niña, cuyo mayor placer era pasear por los jardines cantándole a las lindas flores.  Ellas, agradecidas, se abrían, dejando salir sus delicados perfumes, que la niña respiraba sonriendo. Llena de alegría conversaba con un colibrí que se detenía de flor en flor, sacando su néctar.  Ella con dulzura le decía:

-No entiendo lo que es ser obediente.  Mis padres y demás personas que me rodean siempre me dicen lo mismo: “Clarita, tienes que ser obediente”.

A lo que el colibrí le contestaba:

-¿Ves esas hojas que se desprenden de los árboles en el otoño? Son de colores y hay muchas.  Cuando el aire las sopla, ellas van a cualquier lugar donde éste las lleva, sin quejarse y sin hacer preguntas.  Eso… es ser obediente. ¿No has visto como el agua fluye, como corre hacia abajo y llega al océano? Eso… es ser obediente.

-¡Ya entendí! -dijo la niña con asombro-. Yo tengo que hacer lo que me dicen mis padres y los que me cuidan, debo dejarme llevar como a las hojas las lleva el aire, y como el agua que corre al mar.

El colibrí voló contento y le dijo:

-Dios ama a los niños obedientes.

Obedece hoy sin protestar por lo que te digan tus padres o algún hermano mayor; verás qué ambiente tan bonito vas a crear, y qué contentos se van a poner contigo.

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David el pastorcito

 

                  

“Yo soy el buen pastor, el buen pastor da su vida por las ovejas” (San Juan 10: 11).

Hace muchos años, tantos que tú no habías nacido aún, en unas lindas montañas un grupo de ovejitas caminaba al cuidado de un joven pastor.  Este pastor era tan bueno como el sol que sale para dar calor a la tierra y bendecirla con sus hermosos rayos dorados.  El cuidaba de esas ovejitas para que los animales malos no les hicieran daño.  Hay algunas ovejitas desobedientes y se meten en problema.  Una de ellas se fue por otro camino y se perdió. La ovejita lloraba desconsolada y no sabía qué hacer.  Como le dolía su patica que se partió andando en las peñas duras, se acostó en el suelo pensando que iba a morir sola.  David, el pastor, así se llaman los que cuidan ovejas, estaba muy preocupado porque al contar sus oveja notó que una se había perdido, y se fue a buscarla hasta encontrarla.  Cuando la vio llorando le secó sus lágrimas con su pañuelo,  le vendó su patica lastimada, le dio a tomar agua, la cargó en su hombro y cuidó de ella hasta que se sanó.  ¡Cuánta alegría sintió la ovejita! Nosotros somos como esas ovejitas y nos metemos en problemas, pero Jesús es como David el buen pastor, que está al cuidado de nosotros.

Busca a Jesús orando y dile lo que te molesta y duele.  Él, como el buen pastor, te va a curar, va a poner una sonrisa en tus labios, y quitará tu llanto.  Haz la prueba y díselo todo.

 

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El viento

 

           

«El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado, y tu ley está en medio de mis entrañas” (Salmos 40: 8).

Había una vez, cerca de una colina, muchos árboles donde el viento, al pasar, se enredaba dentro de ellos y sus lamentos y chillidos llegaban a la colina donde vivía un hermoso niño a quien todos llamaban Jaimito.   Cuando Jaimito lo oyó, salió a saludarlo, lo que hizo que el viento comenzara a jugar con él.  Lo empujaba y despeinaba su bella melena, y el niño, entre risas y vueltas con sus manos extendidas, le decía que saliera de dentro de esos árboles y siguiera corriendo libre, que él podía hacerlo, a lo que el viento le contestó que la libertad es una parte fundamental en la vida, pero que hay una sola manera de ser libres.  Jaimito puso todo su empeño para entender al viento, que sequía diciendo: “Cuando obedecemos a Dios y cumplimos Su voluntad es entonces cuando en verdad somos libres”. Eso le gustó a Jaimito y prometió leer la Biblia, el libro de Dios, para conocer cuál sea la voluntad de Dios y hacerla, porque a él le gustaba mucho ser libre como el viento.

Te invito a que leas todos los días una parte de la Biblia, y preguntes a tus padres y amigos, para que descubras cuál sea la voluntad de Dios en tu vida.

 

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El árbol

                             

“Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol” (Génesis 18).

Fue en un claro día de verano que pude ver como se levantaba erguido un gigante árbol en una empinada cuesta, sacando sus ramas en distintas direcciones como si fueran brazos forrados de lindas y verdes hojas.  Se distinguía por su brillo, siendo su secreto los rayos dorados del sol, que lo vestía majestuosamente.  Entre sus ramas, se asomaba, llenando de hermosura sus hojas, un niño que, estando sentado en una de sus fuertes ramas, le daba las gracias al árbol.  Le agradecía que le sirviera de sombra al caminante, y por resguardar a algunos animales.  En una parte de su tronco estaba ahuecado, y vio que allí vivía una ardillita inquieta que, dando brinquitos, salía en busca de su comidita.  También mamá y papá pájaro habían preparado su casita de paja.  Allí en su nidito cuidaban sus pichoncitos hijos.  En las mañanas cantaban despertando con el sol, y el aire envolvía aquellas ramas meciéndolas como una hamaca.  Aquel niño de pelo alborotado corría divirtiéndose, mientras el buen árbol le ensenaba que el dador de toda buena dádiva era Dios el Creador, y a Él era a quien debía agradecer, glorificar y bendecir, por su hermosa creación.  El niño le dijo al árbol que él quería tener un corazón así grande para que siempre, junto a los demás animalitos, el Sol y el aire le dieran caricias, y juntos glorificar al Padre que está en los cielos.

Sal hoy a jugar debajo de un frondoso árbol y bendice a Dios por los animalitos que allí te encuentres.

 

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La mariposa y la flor

        
Alabadle,  vosotros todos sus ángeles.  Alabadle, vosotros todos sus ejércitos” (Salmo 48: 2).
En un hermoso jardín, donde había flores de muchos colores resplandecientes que exhalaban un olor exquisito, se encontraba una bella mariposa conversando con una flor.
-Querida amiga -le decía-, necesito tu néctar, tu jugo, para vivir.
El hermoso lirio, que estaba escuchando, unió su voz a las demás bellas flores para darle el sí, cosa que hicieron todas juntas.  Y la linda mariposa se puso tan contenta que abrió sus hermosas alas y se paró dentro de la flor a conseguir su alimento.  Por eso es que tú ves que las mariposas siempre están volando donde hay flores, saboreándose de ellas, y van regando el polen de flor en flor.  Esa es una manera de que sigan naciendo las flores.
La mariposa inicia su vida como un huevo pequeñito que se convierte en una oruga, que es un gusano.  Mientras crece, muda su piel unas cuatro o más veces, para acostumbrar su cuerpo al crecimiento.  La crisálida es la etapa final donde la oruga se cambia en una bella mariposa.  Las mariposas no pican, no muerden, ¡qué lindas son!
Nosotros vamos a hacer cambiados así también como las mariposas, vamos a tener alas lindas para volar.  Seremos ángeles y estaremos con Dios siempre.
Sal al jardín a ver cuántas mariposas llegan.  No las molestes, deja que ellas se alimenten. Contempla su belleza, ya que Dios las hizo para embellecer el mundo donde tú vives.
 

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Estudiar es una necesidad

             
“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ella tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (San.  Juan 5; 39).
En una aldea situada en las afueras de la ciudad, crecía un hermoso niño que amaba la naturaleza. Todos los animalitos lo trataban con dulzura, y le prodigaban un cuidado especial.  Esa era su pasión.  Su padre se preocupaba porque estudiara.  Él lo aconsejaba diciéndole:
 -Hijo, el estudio es una necesidad que tienen que cumplir los niños porque, de lo contrario,  ¿cómo vas a conocer las letras y los números? Y cuando tengas una  novia no vas a poderle mandar una linda carta y decirle todo lo que tú la quieres.  Y si sabes los números puedes decirle: “Te quiero del 1 al 9 sin-cero”.
El niño, muchas veces no quería ir a la escuela, para quedarse cuidando de sus lindos pajaritos y de algunos árboles frutales, cuyas ramas ya se veían inclinadas, por la abundancia de los frutos que traía. Prefería eso que ir a la escuela.  Pero como los niños no deben faltar nunca a clases, el papá lo llevaba a la fuerza.  Él iba refunfuñando y algunas veces regaba con lágrimas el caminito.  Su papá le explicaba que si no estudiaba no podría tener conocimiento de las cosas, y eso es importante.  ¿Sabías que puedes ir a conocer otros países, leyendo? Es emocionante.  El papá lo entusiasmaba con el estudio, porque educarse es de mucha bendición.
No dejes de ir  a la escuela.  Estudiar es más que  importante, es una necesidad.
 

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Luisita la niña generosa

                     

“Y todos los que creían estaban juntos, y tenían todas las cosas en comunes” (Hechos 2: 44).

Érase una niña dulce y buena llamada Luisita, que siempre compartía con los demás lo que tenía. Un día especial de Navidad le trajeron de regalo un lindo pianito. Como ella sabía algunas notas de solfeo, al tocarle sus teclas salían lindas cancioncitas. El pianito era su más bello regalo. Descubrió que tenía rosca en las paticas, y ella podía quitárselas, eso lo hacía más interesante. Todos los hermanitos tenían regalos diferentes y estaban muy contentos. Un día llegó de un largo viaje una de sus hermanitas, que llevaba un tiempo con sus tías, porque su salud no era muy buena y sus tías tenían los recursos para cuidarla mejor que con su mamá. Luisita se alegró tanto que su hermana llegara, y como era una niña tan generosa, le entregó de regalo su precioso pianito. Su hermana Herminia, al recibirlo, sintió una inmensa alegría, y pensaba que nada en el mundo era más hermoso que aquel pianito. Ella era muy pequeña para entender el sacrificio de su hermanita Luisita al entregarle algo tan querido, pero como Herminia era agradecida le saltaba el corazón de gratitud hacia aquel gesto bondadoso de su hermana, y abrazó el pianito y llegó a quererlo tanto que hasta dormía con él. Y juntas compartían la bella música que salía al tocar las teclas del pianito. Así se divertían cada día.

Te invito a que compartas tus juguetes con tus hermanitos o amiguitos, y te vas a dar cuenta que siendo generosos y amables el mundo es un lugar mucho mejor para vivir.

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Unidos siempre

             

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno!” (Salmo 133: 1)

Las vocales se reunieron para dar inicio a un hermoso programa en una linda iglesia que se levantaba en la cima de una montaña, con el propósito de, unidas, enseñar a las familias a vivir en armonía para glorificar a Dios con sus vidas.

Comenzó el programa la A, y dijo:

-Con mi voz Alabaré a mi Dios.

Seguido, la E tomó la palabra, dando una muy buena Enseñanza.

La I se sintió conmovida, e Insistiendo en la adoración, elevó una plegaria.

La O no se quedó atrás, y dio un testimonio exclamando:

Oh! Pero ¡qué grata reunión!

Y todos comenzaron a glorificar. Guardaron silencio cuando la U se paró para hacer un llamado, y las vocales pasaron al frente. Y con a gran voz iba cada una pronunciando su letra ¡A, E, I, O, U! Como se sentían contentas en aquel programa, habiéndose hecho notables sus mejores talentos, se tomaron de la mano y comenzaron a cantar unidas:

«¡Dios os guarde en su santo amor, hasta el día en que lleguemos, a esa patria do estaremos para siempre con el Salvador!»

Finalizaron con una oración y repitieron:

-Unidas siempre, siempre unidas.

¡Cuánta bendición nos trae estar unidos! Las familias, las amigas y todas las personas.

Hoy te pido que te juntes con los que tienes a tu alrededor, y unidos emprendan algo, ya sea para comer juntos, o para orar o trabajar, o simplemente para hablar y reír mucho, es bueno para el alma.

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