Una cotorrita llamada Poly

Gozarse han los píos con gloria, cantarán sobre sus camas” (Salmo 149:5).

Érase una linda e inteligente cotorrita que llegó para quedarse en una casa donde vivían cuatro niños. Estos, al verla, se pusieron a brincar de alegría, y le pusieron el nombre Poly.  Con su piquito abría su jaula, salía y entraba cómo y cuando ella quería, y caminaba toda la casa a su antojo.  Los niños de la casa se divertían con Poly. La llevaron a cortarle las uñas para que no les echara a perder los muebles.  También le cortaron las puntas de las alas para que no se escapara volando.  Pero con los días le crecieron sus alitas nuevamente, y un día salió al portal y de pronto voló a la copa de un árbol que había cerca de su casa.  Los niños estaban tristes pensando que ya se había ido para siempre, pero se les ocurrió ponerle su jaulita con comida en el techo de la casa, y ahí esperaron hasta que ella entró a la jaula y lograron tenerla nuevamente.  Los niños gritaban de emoción y le decían: “Poly, ¿quieres una galleta?” En esa familia todos juntos compartían algunos momentos de felicidad con Poly, y son esas pequeñas cosas las que se nos quedan para siempre y nos traen consuelo y alegría cuando las recordamos.

Comparte tiempo con tu familia jugando con algún animalito, ese momento especial lo vas a recordar siempre.

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