El niño Juanito y el sapo

“E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal de anda arrastrando sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1: 25).

Hace mucho tiempo, en un lugar del mundo vivía escondido en una charca cerca de escombros, un sapo regordete. Lo acompañaba una linda rana y sus dos pequeñitas ranitas. Esta familia salía todos los días a visitar sus alrededores dando brinquito, esa es la forma de caminar de estos animales que pertenecen a los anfibios. Un niño que pasaba cerca con su abuelito vio al sapo brincando y salió corriendo para jugar con él, pero se asustó cuando lo vio, ya que el sapo era muy feo. Fue en busca de un palito para defenderse en caso que le saltara encima, pero comenzó a molestar al animal pinchándolo, le tiró piedras y le pegó en una patica, dejando cojo al pobre sapo. El abuelo, que lo vio, le dijo que los animales son creados por Dios y no se debe abusar de ellos, porque ellos también son importantes en el mundo, que a Dios no le gusta que abusen de ellos. Todo lo que Dios creó hay que cuidarlo. El niño oía a su abuelo y se dio cuenta que allí se encontraban otras ranitas que jugaban en el agua porque estaban contentas de saber que hay quienes las quieren y cuidan. Desde ese día Juanito comenzó a cuidar los animalitos de Dios.

Cuando veas a alguna persona maltratando a algún animal, cuéntale lo que le dijo el abuelito de Juanito, y cuida de los animalitos.

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