Carlitos y su amiga la ardilla

            

 “¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno! Porque allí envía Jehová bendición y vida eterna” ([Salmo] Psa. 133: 1).

Erase una vez, en las afueras de una ciudad donde pasaba un riachuelo, que un niño llamado Carlitos iba a jugar.  Ese era su lugar favorito.  Le gustaba ver como la corriente de las aguas movía los barquitos de papel que él mismo preparaba.  Al niño se le pasaban las horas divirtiéndose con cada movimiento de sus lindos barquitos.  Él soñaba que paseaba en ese pequeño yate y que pasaba al otro lado donde encontraba muchos dulces y chocolates.  Allí, en uno de sus sueños, se le apareció una linda ardillita que subía y bajaba con rapidez por el tronco de un árbol, y con su rápido movimiento invitaba al niño a jugar y divertirse a lo grande.  Ésta le decía: “¡Seremos grandes amigos! podremos conversar y pasar las horas juntos”.  Era muy tentadora la propuesta, a lo que el niño se comprometió diciéndole que juntos andarían por las aguas y después retozarían alrededor del árbol.  Carlitos estaba tan contento que selló su pacto de amistad con la ardillita dándole un pedazo de manzana que estaba comiendo, lo que ella agradeció con una sonrisa, porque los buenos amigos requieren cariño y atención, no pueden comprarse con regalos.

Te invito a que junto a tus amiguitos prepares un barquito de papel y lo pongas en el agua para que veas cómo te vas a divertir, así como lo hizo Carlitos.

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