David el pastorcito

 

                  

“Yo soy el buen pastor, el buen pastor da su vida por las ovejas” (San Juan 10: 11).

Hace muchos años, tantos que tú no habías nacido aún, en unas lindas montañas un grupo de ovejitas caminaba al cuidado de un joven pastor.  Este pastor era tan bueno como el sol que sale para dar calor a la tierra y bendecirla con sus hermosos rayos dorados.  El cuidaba de esas ovejitas para que los animales malos no les hicieran daño.  Hay algunas ovejitas desobedientes y se meten en problema.  Una de ellas se fue por otro camino y se perdió. La ovejita lloraba desconsolada y no sabía qué hacer.  Como le dolía su patica que se partió andando en las peñas duras, se acostó en el suelo pensando que iba a morir sola.  David, el pastor, así se llaman los que cuidan ovejas, estaba muy preocupado porque al contar sus oveja notó que una se había perdido, y se fue a buscarla hasta encontrarla.  Cuando la vio llorando le secó sus lágrimas con su pañuelo,  le vendó su patica lastimada, le dio a tomar agua, la cargó en su hombro y cuidó de ella hasta que se sanó.  ¡Cuánta alegría sintió la ovejita! Nosotros somos como esas ovejitas y nos metemos en problemas, pero Jesús es como David el buen pastor, que está al cuidado de nosotros.

Busca a Jesús orando y dile lo que te molesta y duele.  Él, como el buen pastor, te va a curar, va a poner una sonrisa en tus labios, y quitará tu llanto.  Haz la prueba y díselo todo.

 

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