Pídele a Dios

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“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21: 22).
Allá lejos, muy lejos entre los árboles, en una vieja casita de madera y piso de tierra, una joven mamá y un buen papá cuidaban a sus muchos hijitos.  Un día los papás tuvieron que salir a buscar para darles de comer a esos niños, y los dejaron al cuidado de una tía que estaba sentada en una silla de ruedas, ya que sus piernas habían sido lastimadas por una fuerte enfermedad que la dejó sin poder caminar. Pero a ella le gustaba cuidar a sus sobrinitos y contarles cuentos.  Ese día les estaba contando la historia más linda que ellos habían oído.  Les hablaba de Jesús, aquel hombre bueno que vino al mundo para ayudar a todos.  Y les enseñaba que Él había dicho que si le pidieres, creyendo de corazón, recibirías.  Como los niños tenían hambre y no tenían qué comer, una de las niñitas, la más pálida y nerviosa, la más crédula de todas, hizo una oración.  Le dijo a papá Dios que le enviara algo de comer. Y ¡así sucedió! Una vecina llamada Rita, desde el otro lado del patio las llamó.  Les había traído de comer.  Los niños, contentos, le dieron gracias a Dios y llenaron sus barriguitas.  Pídele a Dios cuando estés en necesidad, Él te va a ayudar.  Pero cree.
Cada vez que te sientas en alguna necesidad, cualquiera que sea, pídele a Dios, que Él es bueno y te va a ayudar.

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Mira tu carita en una laguna

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño; mas cuando ya fui hombre hecho, deje lo que era de niño” (1 Corintios 13: 11).

En una isla lejana, donde los carros no podían llegar porque estaba rodeada de agua y había que ir en barcos, el agua era tan azul como el limpio cielo.  Allí, de un árbol, colgaba una linda casita.  Por sus ventanas asomaban las cabezas unas blancas palomas.  Ellas miraban entornando sus cabezas con curiosidad, queriendo enterarse de lo que hablaban dos encantadores niños que estaban dándole migajas de pan a unos lindos paticos que nadaban en aquellas cristalinas aguas.  Ellos se divertían  asomando sus caritas alegres viendo como se reflejaban sus rostros en el agua.  Era tanto su bulla, que apenas se dieron cuenta del chapuzón que se dio el Sol cuando se hundió en el agua.  Sólo fue cuando las olas comenzaron a moverse fuertemente y sus caras se veían deformes por el movimiento del agua, que hicieron un silencio tal que se podía oír el suspiro de una amapola.  Los niños creían que ellos se habían convertido en lo que veían reflejado en el agua.  Al alzar sus vistas se sorprendieron cuando vieron aquellas lindas palomas que curiosas los miraban.   Ellos compartieron las migajas de pan que las aves, agradecidas, comían, y repetían: “Curú cucú, curú cucú.

Mira tu carita en el agua de alguna laguna o estanque y muévela  para que disfrutes de la sorpresa que vas a recibir cuando veas tu reflejo en el agua se mueve.

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Una cotorrita llamada Poly

Gozarse han los píos con gloria, cantarán sobre sus camas” (Salmo 149:5).

Érase una linda e inteligente cotorrita que llegó para quedarse en una casa donde vivían cuatro niños. Estos, al verla, se pusieron a brincar de alegría, y le pusieron el nombre Poly.  Con su piquito abría su jaula, salía y entraba cómo y cuando ella quería, y caminaba toda la casa a su antojo.  Los niños de la casa se divertían con Poly. La llevaron a cortarle las uñas para que no les echara a perder los muebles.  También le cortaron las puntas de las alas para que no se escapara volando.  Pero con los días le crecieron sus alitas nuevamente, y un día salió al portal y de pronto voló a la copa de un árbol que había cerca de su casa.  Los niños estaban tristes pensando que ya se había ido para siempre, pero se les ocurrió ponerle su jaulita con comida en el techo de la casa, y ahí esperaron hasta que ella entró a la jaula y lograron tenerla nuevamente.  Los niños gritaban de emoción y le decían: “Poly, ¿quieres una galleta?” En esa familia todos juntos compartían algunos momentos de felicidad con Poly, y son esas pequeñas cosas las que se nos quedan para siempre y nos traen consuelo y alegría cuando las recordamos.

Comparte tiempo con tu familia jugando con algún animalito, ese momento especial lo vas a recordar siempre.

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¿Por qué regalamos en la Navidad?

 Mis queridos niños estoy nuevamente con ustes para contarles por qué regalamos en la Navidad. 

Regalar y recibir regalos es algo que nos mueve en la Navidad, ya que a todos nos gusta recibir regalos.  Un regalo es una expresión de buen deseo, y la Navidad es una ocasión para compartir amor y alegría con los que amamos.  Los regalos son simplemente una manera de expresarnos, con un regalo te estoy diciendo un te quiero.

Cuando nació Jesús, los reyes magos le llevaron regalos.  Estaban contentos con el nacimiento del niño Dios y lo demostraban de esa manera.  ¿Te gustan los regalos? ¿Cómo te sientes cuando recibes un regalo? ¿Te tocan el corazón?  ¿Alguna vez has llorado cuando has recibido un lindo regalo?  A mí me regalaron un pianito cuando niña y nunca se me ha olvidado.  Cuando yo era pequeñita, una de mis tías me contó la historia de Jesús, cómo vino a sufrir y morir para darme el regalo más bello que se pueda dar, que es la vida eterna, es decir, vivir para siempre con Jesús.  ¿Te gustaría vivir por siempre y que tu mamá y papá y familia no se tuvieran que morir?  Pues ese fue el regalo que Jesús vino a darnos.  Vino para regalarnos la vida para siempre y así poder vivir allá en el cielo.  ¿Quieres este regalo?  ¿Te gustaría recibirlo? Yo lloré mucho cuando supe del regalo que Jesús me dio.  Y desde entonces amó a Jesús con todas mis fuerzas.  No  tengo un regalo para darle a Jesús, pero ¿sabes qué hago? Todos los días le doy las gracias por venir a darme el regalo más bello, la salvación, y por perdonarme mis pecados.  Entonces le adoro, le alabo, y trato de obedecer todo lo que dice Su Santa Palabra, la Biblia, porque yo quiero vivir por siempre con Él. ¿Tú te atreverías a dejar tu casa y familia y dejar que personas malas te hagan sufrir y morir por un amigo? No, ¿verdad? No nos atrevemos a hacer eso.  Pues eso fue lo que Jesús hizo por ti y por mí.  ¿Entiendes?

Haz una oración a Dios y dile que estás muy agradecido por ese regalo de Su hijo Jesús.  Dile que quieres vivir con Él para siempre, junto a tu linda familia y personas que amas.  Cuéntales a tus amiguitos en la escuela y donde quiera que estés, que Jesús nos ha hecho el más lindo de los regalos.  Nació en un pesebre y murió en una cruz, siendo Dios, para que por medio de Su muerte nosotros tengamos entrada a ese hermoso  lugar.

Celebra la Navidad, ya que con ella estas celebrando la llegada del Mesías –que quiere decir el enviado de Dios, el Cristo-, y recibe los regalos de las personas que te aman, y tú también compra un regalo y llévaselo a un niño pobre que no tenga.  Comparte tu comida sabrosa con una persona que esté sola y triste, porque ese es el verdadero sentido de la Navidad.  Aprendimos de Jesús a regalar.  Él vino a este mundo a dar pan al hambriento, a sanar a los enfermos, a acompañar a los que se sienten solos, a secar las lágrimas de los tristes.  Cuando ayudas a alguien, cuando abrazas, cuando ríes, cuando compartes, te estás pareciendo a Jesús, y ese es el motivo por el cual regalamos en Navidad.

 

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Cuando Dios se hizo hombre

       

Hace muchos, pero muchos años atrás, cuando no había mundo, no había nada; todo estaba vacío, oscuro y triste, Dios creó todas las cosas, y formó al hombre y a la mujer para que vivieran aquí en la tierra junto con todos los animalitos que Él hizo. Como los perros, que acompañan a las personas, los lindos pajaritos que alegran con sus cantos, y también las hormiguitas y las demás cosas que Él había puesto en el mundo.  Los mares, las lindas playas donde se puede ir a jugar con la blanca arena, las montañas empinadas y todo lo que embellece el paisaje.  El Sol para alumbrarnos de día, la Luna para que diera un poco de luz a la noche y, como un toque especial, las estrellas, el aire que respiramos, así como los árboles que dan frutas, para que pudiéramos comer y de esa manera alimentarnos.  Hizo también las flores que nos adornan con sus bellos colores y su hermosura, y despiden su agradable olor.

Era entonces todo tan lindo en aquel lugar que se llamaba el huerto de Edén.  Era un paraíso.  Allí colocó Dios al hombre y la mujer y ellos eran felices.  Nadie lloraba ni estaba triste, ni se enfermaban, tampoco morían.  ¡Qué lugar tan encantador! Donde Dios preparó para que viviéramos las personas.  Adán y Eva, así Dios llamó a la primera pareja que creó.  Él les dijo que no fueran a comer de un árbol especial que había separado en el huerto, porque si comían de esa fruta, iban a perder el privilegio de vivir en ese jardín de delicias.  Y ¿qué hicieron el hombre y la mujer? Desobedecieron a Dios tomando del árbol prohibido y comiendo de su fruto.  Entonces Dios los sacó del paraíso y comenzó la tristeza, se fue la alegría, y las lágrimas pasaron a tomar el lugar de la felicidad.  Vino la enfermedad, el dolor, que en el Edén no se conocía, y luego llegó la muerte.  Las flores comenzaron a marchitarse, los animales se morían y también las personas.  Entonces a Dios le dio mucha, pero mucha tristeza ver cómo los hombre, mujeres y niños, todos iban a morir para siempre. Porque Dios es tan bueno, pero también es tan justo y santo, que no puede permitir que las cosas malas vivan en Su presencia.  No había razón de vivir.

Cuando Él vio eso, como Él es amor, y nos quiere tanto, tanto pero tanto, enseguida quiso hacerse hombre como nosotros, siendo Dios, siendo superior, siendo lo más grande, teniendo poder sobre todo, viviendo en el cielo, el lugar más bello que existe para vivir, donde las calles son de oro y el mar de cristal, quiso dejarlo todo y venir a este mundo de tristeza, dolor y muerte, porque Él era el único que podía salvarnos de la muerte.  Mira qué historia tan tierna y verdadera.  Dejó Su trono de gloria, Su vida de paz y felicidad, y se hizo hombre, nació de una virgen, una jovencita linda, dulce santa y buena, llamada María, casada con un hombre también bueno, amoroso, honrado, trabajador y tierno, llamado José.

Jesús nació en un pesebre, donde había animalitos.  No tuvo una cuna linda y limpia, ni juguetes.  Él dejó todo lo bueno y lindo y cómodo por venir a darnos la muestra de amor más grande, vino a sufrir con nosotros, para de esa forma, con Su llegada aquí al mundo, decirnos cuánto nos ama.  Él sabía que los hombres malos lo iban a matar y Él iba a sufrir mucho, pero con Su muerte nos iba a salvar a todos en este mundo, de la muerte y de esa forma llevarnos al cielo a vivir con Él para siempre allá en aquel paraíso eterno.  Fue puesto en una cruz donde lo clavaron, y así murió, crucificado.  Pero su muerte nos dio vida a nosotros, por eso tenemos que amar Dios, que se hizo hombre. Debemos estar agradecidos de Él y siempre obedecerle, para ir a vivir donde Él nos ha preparado un bello lugar en los cielos.  Él viene en las nubes a buscarnos.  ¿Sabes cuál es Su nombre? Jesús es su nombre, que quiere decir salvador.  Porque vino a morir en la cruz para salvarnos a ti y a mí.

¿Sabes lo que quiere decir Navidad?  Quiere decir nacimiento, el nacimiento de Jesús.  Y celebramos la Navidad para recordar el día que el niñito Jesús nació en este mundo para traernos a todos salvación.

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Canta y canta

“Alabad a Jehová.  Porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios.  Porque suave y hermosa es la alabanza” (Salmo 147: 1).

Érase en un solitario bosque, donde vivía una linda cigarra que cantaba y cantaba ininterrumpidamente.  Era muy feliz.  Sentía que el cielo azul sobre su cabeza era el responsable de alegrar sus canciones, y como muestra de gratitud a su amigo el cielo azul, seguía cantando y cantando. Eran esos días de verano en los que hasta la noche se mostraba clara por la suave luz de la luna, y las estrellas se ponían de acuerdo para que, con su brillo, la noche no fuera tan oscura.  Sus canciones se dejaban oír por todas partes, esa es la forma que usaba la cigarra para que sus enemigos no se acercaran ni le hicieran daño. Ella no se permitía estar triste, ni llorar, sino que continuaba con su canto incesantemente.

A ti te pasa igual que a la cigarra, cuando cantas el enemigo de tu alma se va.  Hay días que vas a estar triste, porque las cosas no te han salido bien, pero si te pones a cantar en vez de llorar, la tristeza se te va a ir del corazón, el enemigo huye. Cuando tus pensamientos están en Él, cuando le glorificas, cuando le agradeces a Dios por sus bondades, hay un corito que dice: “Canta y tus penas se van, Jesús te promete quitártelas”.

Te invito a que hagas la prueba, cuando estés triste, canta.  Notarás que Jesús te da Su gozo.

 

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Las enseñanzas de papá y mamá

           

“Instruye al niño en su carrera, aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbio 22: 6).

En las afueras del pueblo se levantaba una humilde casita blanca donde vivían muchos niñitos.  Su mamá y papá los cuidaban con cariño.   Cada día les enseñaban a orar al acostarse, y al levantarse oraban pidiendo el cuidado de Dios.  Leían la Biblia y aprendían bellas historias, que después podían contárselas a otros niños, como la historia de aquel pez grande que se tragó a un hombre y después lo vomitó, o la interesante historia de aquella bella reina llamada Ester.  También conocieron de aquel rey malo que mandó a matar a los niñitos, y de la muchacha de rostro bello llamada Raquel, y del otro hombre fuerte, tan fuerte que podía  matar leones, también supieron de aquella mujer que se convirtió en estatua de sal. ¡Cuántas bellas historias tiene la Biblia! Los niños se interesaban por leer la Biblia, porque encontraban cada día más historias importantes, y cantaban lindos canticos cristianos, como: “Con Cristo en el hogar, qué felicidad”, o “Yo soy un rayito de sol”, o “Cristo me ama”.  Y así iban creciendo en el temor de Dios y amándole como su creador, porque supieron cuánto Dios les ama.  Ellos querían ser grandes predicadores, y estudiando era la forma de lograrlo.

Te invito a que aprendas estas historias hermosas de la Biblia, son muchas, y que te aprendas muchos canticos y los cantes, y cuando me veas me cuentes alguna de esas interesantes historias.

 

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El ratoncito mentiroso

“Amaste el mal más que el bien, la mentira más que hablar justicia” (Salmo 52: 3).

En un lindo bosque, donde se perdía cualquier hombre que entraba, jugaba un travieso conejito que conversaba con un mentiroso ratoncito que por comerse todo el quesito nunca decía la verdad, siempre engañaba al conejito inquieto.  Un día el conejo cansado de sus mentiras le grito tan fuerte al ratón: “¡Mentirosoooo!!!!” Que hizo mover las hojas de las plantas e hizo temblar a todos los árboles del bosque.  Hasta las alas de las mariposas se agitaban.  Pero el ratoncito pasaba como un viento rápido, como una música, como un perfume de flores, estaba tan acostumbrado a mentir que no podía hablar verdad, y el conejito ya no creía nada de lo que decía el ratoncito.  Es que cuando decimos mentira, ya después no nos creen cuando hablamos verdad.  Y al conejo  travieso  le gustaba jugar mucho, pero ya no quería al ratoncito de amiguito y lo saco de ese lindo bosque.  El ratoncito se escondió en una cueva llorando, y hasta el día de hoy sigue temblando y le huye a todos, porque está sufriendo siempre por decir mentiras.

Si tú has dicho alguna mentira, pídele a las personas y a Dios que te perdonen, porque a Él y a nadie les gusta que los niños digan mentira.

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El niño Juanito y el sapo

“E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal de anda arrastrando sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1: 25).

Hace mucho tiempo, en un lugar del mundo vivía escondido en una charca cerca de escombros, un sapo regordete. Lo acompañaba una linda rana y sus dos pequeñitas ranitas. Esta familia salía todos los días a visitar sus alrededores dando brinquito, esa es la forma de caminar de estos animales que pertenecen a los anfibios. Un niño que pasaba cerca con su abuelito vio al sapo brincando y salió corriendo para jugar con él, pero se asustó cuando lo vio, ya que el sapo era muy feo. Fue en busca de un palito para defenderse en caso que le saltara encima, pero comenzó a molestar al animal pinchándolo, le tiró piedras y le pegó en una patica, dejando cojo al pobre sapo. El abuelo, que lo vio, le dijo que los animales son creados por Dios y no se debe abusar de ellos, porque ellos también son importantes en el mundo, que a Dios no le gusta que abusen de ellos. Todo lo que Dios creó hay que cuidarlo. El niño oía a su abuelo y se dio cuenta que allí se encontraban otras ranitas que jugaban en el agua porque estaban contentas de saber que hay quienes las quieren y cuidan. Desde ese día Juanito comenzó a cuidar los animalitos de Dios.

Cuando veas a alguna persona maltratando a algún animal, cuéntale lo que le dijo el abuelito de Juanito, y cuida de los animalitos.

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Carlitos y su amiga la ardilla

            

 “¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno! Porque allí envía Jehová bendición y vida eterna” ([Salmo] Psa. 133: 1).

Erase una vez, en las afueras de una ciudad donde pasaba un riachuelo, que un niño llamado Carlitos iba a jugar.  Ese era su lugar favorito.  Le gustaba ver como la corriente de las aguas movía los barquitos de papel que él mismo preparaba.  Al niño se le pasaban las horas divirtiéndose con cada movimiento de sus lindos barquitos.  Él soñaba que paseaba en ese pequeño yate y que pasaba al otro lado donde encontraba muchos dulces y chocolates.  Allí, en uno de sus sueños, se le apareció una linda ardillita que subía y bajaba con rapidez por el tronco de un árbol, y con su rápido movimiento invitaba al niño a jugar y divertirse a lo grande.  Ésta le decía: “¡Seremos grandes amigos! podremos conversar y pasar las horas juntos”.  Era muy tentadora la propuesta, a lo que el niño se comprometió diciéndole que juntos andarían por las aguas y después retozarían alrededor del árbol.  Carlitos estaba tan contento que selló su pacto de amistad con la ardillita dándole un pedazo de manzana que estaba comiendo, lo que ella agradeció con una sonrisa, porque los buenos amigos requieren cariño y atención, no pueden comprarse con regalos.

Te invito a que junto a tus amiguitos prepares un barquito de papel y lo pongas en el agua para que veas cómo te vas a divertir, así como lo hizo Carlitos.

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